Todo llega cuando tiene que llegar...

Lo conocí en un viaje del colegio cuando teníamos 11 ó 12 años...
Fue el primer "hombre" (niño en realidad) que alguna vez me interesó.
Como niña pequeña y tonta que era, creé un amor platónico... Después de aquel viaje en el que nos pasamos todos nuestros teléfonos, me acuerdo que lo torturábamos con mi mejor amiga. Llamábamos y cortabamos, le poníamos canciones del estilo "Love of my life" (Queen), hasta que un día ella se animó a hablarle. Qué le dijo? ni idea...no me acuerdo. Pero obviamente jamás revelamos nuestras identidades.
Pasaron los años y siempre, siempreeeeeeeee me siguió gustando. De hecho, medio colegio estaba "atrás" de él. Nunca le dirigí la palabra siquiera.
El colegio terminó, y sólo lo veía en algún boliche, casa de amigas o me lo cruzaba en la calle (es veciniiiiiisimo).
Y un buen día...
Salida de amigas. Boliche. Mucho alcohol de por medio.
Como otras tantas noche, apareció el niño P. en el boliche. Nos saludamos como siempre. El se quedó hablando con mi amiga (compañeros del colegio) y yo con los amigos de él.
Después de una cerveza más, mi amiga se fue, sus amigos se fueron y nos quedamos él y yo.
Situación incómoda, porque la verdad que no sabía de qué hablar ni qué decir. Cuando estaba a punto de rendirme y volver con mi grupito de gente, P. murmuró algo. No sé qué fue. Me acerqué un poquito y le dije "perdón? no te escuché". Se me acercó un poquito más, me miró con esa sonrisa perfecta que tiene y sin que pudiera siqueira reaccionar, me dió uno de los mejores besos que alguna vez alguien me dió. Y así nos quedamos toda la noche..........entre besos y más besos hasta que los labios dolieron.
Y todo fue millones de veces mejor a lo que alguna vez me pude haber imaginado.


1 comentario:
guaaa!! me encanta el blog, siempre encuentro temas muy interesantes.
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