En el gym

Con la colaboración de Toro, acá les dejo una linda forma de contarles mi torpeza... Gracias Toro por ilustrarlo de una forma tan dulce y no cómo fue la realidad! Muaks!
Buenos días, tardes y noches mis queridos lectores. Hoy les vine a cantar al blog de mi amiga Carola, una historia que tuvo lugar en un rincón común de nuestra tierra non sancta.
Es la anécdota de una bella princesa. Pero no de esas princesitas de cuentos de hadas, sino de una blonda y esbelta mujer, que atrae, seduce y encanta a cuanto sapo cruce por su camino. En esta historieta, no había principes azules, los había de colores neutros, y no había, ni hay, ni habrá, brujas o hechiceras, ni madrastras, ni hadas madrinas. Tan solo ella y su ballet, de bíceps, pectorales y gluteos.
En un gimnasio de la capital de la república, acontecoió esta pequeña vivencia, de color vinotinto, donde distorsionados los contornos y los trazos rectilíneos, un hombre-chocolate hizo su entrada triunfal, y derritió a su andar a mujeres y mancuernas. Entre tanto bicho intragable, surgió un guapo como yo, y la susodicha no pudo contener su brote hormonal pos adolescente, desde su maquina de elaborar triceps. Disimulando la emoción, continuó su ejercitar, entre pesas y acdominales, se me olvidó mi cantar.
Mientras retomo lo que hablaba,
ahora en versión cantada
el bombón, dialogo entablaba
con la mocosa encantada.
?Podré ejercitar aqui mismo??
dijo a la blonda que reposaba?
asintió con gesto y mutismo..
soñaba con que la desposaba?
No quizo vergonzarse
Pero no pudo evitarlo
Se agacho para esforzarse
Y se olvidó de soltarlo!
Que golpecito se dio
Ustedes hubieran visto
Pero el bombon no la vio
Mejor que se calle y listo!
Ataque de incontinente
Ouchhhhhh!, la cabeza se agarra,
Pero que impertinente
Y que escena más bizarra.
Y si loser ya la creian
Esperen a ver la reacción
Cuando las yeguas reían
Y el macho entra en acción.
Le pregunta amablemente
Y estando muy pegadito
La aconseja vehemente,
mejor tené cuidadito.
Y ella que no se domina
Y quiere desaparecer
Y la vergüenza no termina,
solo que empieza a crecer.
Dije vivencia vinotinto
Y no es que yo esté borracho
El bordó en su cara pinto!
Pobre nena mamarracho?
Y así termina el cantar de la eterna mala suerte. De una localinda que quiso escapar a los sapos, y a los opacos agridulces, bebiéndose de un sorbo el licor del choco-hombre. Pero con tremendo infortunio traicionero, que la dejó en evidencia, como a una torpe quinceañera. Como saldo le han quedado: la experiencia, la certeza de que puede ir a buscarlo entre rutina y rutina para reformar su mala imagen y un chichón en la mollera.
Y ahora si me despido, con la misión cumplida, de haberos contado la verdad de la Carola y su adicción a los chocoloates. O era a los hombres? Ey Caroooooooooo, acá que iba? Tu- tu- tu?.(?).


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