La señora angustia
Espero que esto le sirva a alguien y no lo tomen a mal. Es una experiencia que tengo la necesidad de comunicarla.
Todos en algún momento de nuestra vida, por motivos que cada uno guarda bien adentro, experimentó angustia. Algunos fueron afectados levemente y supieron sobrellevarla; otros, quizás más sensibles (no débiles, sensibles), abrazaron esa angustia y nunca más pudieron soltarla. Es inconciente. No es algo que uno eliga por gusto. Simplemente sucede.
La pregunta es ¿qué pasa cuando esa angustia es constante? Ese nudo en la garganta que a veces pareciera que quita la respiración, la pancita da vueltas incansablemente, la cabeza no para de pensar en cientos de asuntos al mismo tiempo, la opresión en el pecho y esas lágrimas contenidas que sólo se dejan rodar en la soledad plena. Soledad que dicen amar los que están angustiados, cuando en realidad una voz bajita pide un rescate, una salida, un desahogo; eliminar la angustia.
Así como hay personas que pareciera que "viven" malhumoradas, otros realmente viven agunstiados. Se transforma en algo común, lo normal. Algo que es así; que debe ser así y que no hay forma de cambiarlo... Acostumbramiento.
Cuarenta minutos una vez por semana durante varios años no bastan para eliminarla. No quiere irse a pesar del esfuerzo. Y se presenta ella, la que por alguna razón química que en un principio no entendemos, duerme a la maldita "garrapata" que tenemos pegada en medio del pecho.
Cuidado con mis palabras.
Esta fue mi experiencia particular tal vez mezclada con algunas otras que recolecté.
(No sabía que éramos tantos los que vivíamos la misma historia en silencio).
Pasan los días, las semanas, los meses. Continuamos nuestra vida de siempre a la que sumamos una pastillita aparentemente milagrosa. Los sentimientos lentamente se van aplacando. La opresión parece haber desaparecido. La cabeza da menos vueltas y la pancita se aquieta. Todo aquello que alguna vez conducía a lagrimear, es ahora manejable. Disfrutamos. Sí, finalmente después de algo bueno vivido queda la sensación de realmente haber disfrutado. Pero...
Un buen día inundados de ese bien estar, olvidamos casualmente la pastillita. Un día de transforma en dos, en tres, en cuatro... Y las situaciones "manejables", se nos escapan de las manos. Los sentimientos se despiertan, chocan y afectan. Afectan de tal forma que recordamos lo que es sentir. Derepente todo duele, alegra, molesta... La garrapata vuelve al ataque.
Al llegar a este punto fue cuando decidí que no quería vivir más en un mundo, no ideal, no perfecto, sino un tanto ilusorio tal vez.
Piensen en todos los sentimientos que existen: los quiero a todos juntos. Por más que me lastimen, que me duelan. Sí, sueno dramática y lo soy. Necesito volver a serlo. Porque así experimenté el amor y el dolor. Los necesito -será que mi naturaleza es dramática.
Es mi elección dar un paso atrás (como piensan muchos).
Por lo menos aprendí que la angustia no es el único estado emocional en el que "debo" vivir.
Prefiero hacer el esfuerzo por mi cuenta, sin ayudas "mágicas".
Y tal vez algún día logre erradicar de una vez por todas a "la garrapata"...


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